Parque Nacional de Corcovado con niños

El Parque Nacional de Corcovado está considerado uno de los espacios naturales más impresionantes e intactos del país, así que cuando estábamos organizando el viaje no dudamos que tenía que ser una visita obligada.

Después de estar un par de días de relax en la playa de Matapalo pusimos rumbo a Puerto Jiménez, uno de los lugares base para ir a Corcovado. Nos instalamos en Cabinas Marcelina http://www.jimenezhotels.com/cabinasmarcelina/ y fuimos a la agencia de viajes que nos había gestionado previamente los permisos para poder entrar al parque y contratar al guía https://www.tucantravel.com. Allí nos explicaron las dos opciones que teníamos para llegar a la Estación La Sirena, el único lugar, en medio de la selva, en el que puedes dormir y hacer varias excursiones para observar la flora y la fauna. En ambas teníamos que ir en colectivo (furgoneta) hasta Carate, mas o menos una hora y media de trayecto y una vez allí o ibas caminando 27 km o contratabas una avioneta que en 10 minutos te llevaba hasta la Estación La Sirena.

Nosotros escogimos ir en avioneta y volver caminando pero aún no sabíamos lo que nos esperaba… El viaje en el colectivo comenzó a las 6 de la mañana y ya fue toda una aventura, dando botes por el camino sin asfaltar hasta que el conductor, en la parada que hicimos, me vio embarazada y me dijo que fuese con él y con Deva delante. Cuando llegamos a Carate ya estaba la avioneta esperándonos y el viaje, aunque corto, fue impresionante. La ventaja de ir en avioneta era que podíamos llevar mas comida o ropa y la desventaja el precio, ya que era bastante caro. La gente local que nos íbamos encontrando, me decía que era una valiente por ir embarazada a Corcovado y yo ya empezaba a pensar que quizás era una inconsciente.

En 15 min estábamos en la Estación La Sirena con nuestro guía. La primera sorpresa nos la llevamos cuando nos enseñaron donde íbamos dormir (somos capaces de dormir en cualquier lado, pero desde luego no nos lo habíamos imaginado así. No era el mejor de los lugares para estar embarazada y con una niña de dos años), aunque siempre intentamos ver el lado positivo de las cosas y le quitamos importancia porque estábamos en un entorno espectacular y lo importante era poder estar allí.

 

Una vez nos acomodamos, hicimos la primera excursión. Era bastante sencilla, pero para nosotras fue agotadora, hacía muchísimo calor y humedad, Deva no quería caminar, en la mochila se agobiaba porque tenía mucho calor y yo estaba muy cansada. A pesar del cansancio, ese día hicimos dos excursiones y pudimos ver bastantes animales, entre ellos un tapir con su cría. Llegamos a la Estación al atardecer, justo cuando estaba llegando la gente que había ido caminando desde Carate y sus caras de sufrimiento y cansancio, junto con sus anécdotas sobre como cruzar ríos mientras esperaban a que bajase la marea y se alejasen los cocodrilos, nos hicieron reflexionar sobre la vuelta que teníamos planeada.

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Cenamos y disfrutamos de la oscuridad de la noche estrellada y ambientada con el sonido de los monos aulladores, que hacían que todo fuese espectacular. Cuando fuimos a dormir a la tienda llegó lo peor: a Deva no sabemos que le picó, pero no paraba de rascarse y no podía dormir. Yo estaba igual que ella entre picores y aullidos de monos (que realmente se oyen altísimos y con la sensación de que están a pocos metros de las tiendas). Al día siguiente, la pobre tenía la cara inflamada con una erupción y yo, llena de picaduras y con medio cuerpo untado de pasta de dientes (porque se supone que embarazada no podía echar ningún repelente, aunque al final lo tuve que echar porque los mosquitos me comían viva). El único que se salvó fue Javi, aunque tampoco pudo dormir demasiado por nuestros despertares y los aullidos de los monos.

Valoramos la situación y nos parecía inviable pasar otra noche allí, así que empezamos a organizar la vuelta, que resultó ser mas complicado de lo que pensábamos porque o vuelves caminando los 27 km (algo que no íbamos hacer en esas condiciones) o en avioneta, pero ésta vez pagando un precio muchísimo mas caro. Antes de tomar una decisión, hablamos con varios guías para ver como lo podríamos solucionar, porque aunque valorábamos pagar la avioneta queríamos intentar una solución mas económica. Como estaba todo en el aire y allí las gestiones son muy lentas, nos fuimos hacer una excursión sencilla, que disfrutamos mucho mas que las del día anterior. Afortunadamente, cuando regresamos a la Estación y tras varias gestiones, teníamos una opción mejor para salir de allí. Todo consistía en ir hasta Bahía Drake en barco (1,30h) y desde allí, uno de los guías nos llevaría en su coche hasta Puerto Jiménez, otra hora de trayecto, por un módico precio. No lo dudamos y en una hora estábamos en el barco rumbo a Bahia Drake, con la mala suerte de que durante el trayecto en barco se desató una tormenta. En ese momento nos entro la risa, nos pusimos los chubasqueros y a pesar de la lluvia y los saltos del barco, Deva se durmió. A media tarde llegamos a Puerto Jimenez y las Cabinas Marcelina nos parecieron todo un lujo.

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Después de nuestra experiencia en el Parque Nacional de Corcovado seguimos pensando que es un lugar que no te puedes perder, pero si vas a ir con niños pequeños la mejor opción sin duda es alojarte en Bahia Drake e ir a pasar el día a Corcovado. Es un viaje entretenido en barco, llegas a una playa y vas caminando hasta la Estación La Sirena, después haces una excursión sencilla y apta para todos los públicos, comes y te vuelves. Los niños disfrutan mucho porque ven un entorno espectacular y pueden observar bastantes animales. Las otras opciones para visitar el parque sinceramente no me parecen aptas para hacerlas con niños. En otro post escribiré algunos detalles sobre las distintas opciones para llegar y recomendaciones sobre qué llevar a este lugar espectacular situado en medio de la selva.

 

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